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PENSAMIENTOS SOBRE LA FUERZA SEXUAL

La vida no es más que una especie de combustión. Ninguna

manifestación en el universo es posible sin la combustión de una

materia que produce energía.

El día que los humanos recobren su verdadero origen solar,

tomarán conciencia de que siempre es esta misma fuerza solar la

que se manifiesta a través de su cuerpo: las manos, los ojos, el

cerebro, etc. Incluso la energía sexual es de la misma naturaleza

que la energía solar.

La Inteligencia cósmica ha concebido al ser humano de un

modo divinamente bello. En efecto, el hombre perfecto, el

hombre ideal, el hombre tal como lo concibió la Inteligencia

cósmica en sus talleres de arriba, es semejante al sol.

Por esto aquellos que abusan de la fuerza sexual, en lugar de comprender, que está impregnada con la santidad de la luz del sol, y que pueden utilizarla para magníficas creaciones, se están privando de los tesoros más preciosos.

Incluso aunque esta idea os parezca todavía increíble, aceptadla. Os animará a ser más conscientes, más dueños de vosotros mismos. Es una lástima oír semejantes revelaciones si no producen en vosotros unos resultados benéficos. Meditadlas deseando volveros parecidos al hombre primordial, cuando salió de los talleres del Señor, radiante como el sol.

Si un hombre expresa su amor a través de su naturaleza

inferior, su sola mirada refleja el deseo de saciar sus instintos:

tiene hambre, siente sed, y quiere saciarse, eso es todo. Mientras

que si un hombre manifiesta su amor a través de su naturaleza

superior, su mirada expresa la belleza, la luz y la nobleza, porque

este amor no exige nada: sólo quiere dar, iluminar, salvar. Este

amor es el verdadero amor.

Pero ¡cuántas mujeres prefieren una mirada ardiente, una

mirada de deseo! Entonces sí, se sienten felices, porque imaginan

que este amor tan intenso, poderoso y expresivo, será un amor

duradero. ¡Pobres! No sienten que una mirada sensual habla de un

amor que, precisamente, no durará. Es la violencia de una

llamarada que se apaga tan rápidamente como se encendió.

En la antigua Roma las sacerdotisas de Vesta, eran las encargadas de mantener día y noche el fuego sagrado.

Pero ¿para qué mantener este fuego? Si se apagaba, podía ser encendido de nuevo, ya que los tiempos prehistóricos

habían quedado atrás. En realidad, este fuego mantenido por las

Vestales, era un símbolo del fuego interior que el ser humano

nunca debe permitir que se apague. Las Vestales, que eran

vírgenes, representaban a la Madre divina en su aspecto más puro.

Porque la pureza es la condición del fuego y de la luz. La

presencia de la Madre divina es indispensable para mantener vivo

el fuego, el fuego sagrado del amor.

Cada ser humano debe convertirse, en su alma, en una

virgen que atrae y mantiene el fuego con el fin de que el principio

masculino en él, que es la voluntad, el espíritu, pueda utilizarlo

para crear. Porque el fuego es el origen de todas las creaciones.

Observad: desde la preparación tan sencilla de una comida, hasta

el despegue de un cohete espacial, el fuego es indispensable. Y

aún lo es mucho más en el ámbito espiritual.

¿Con qué se puede comparar la fuerza sexual? Con la savia

bruta que se elabora en las células y que se distribuye por todo el

organismo en forma de vitalidad en el plano físico, de amor y de

alegría en el corazón, de luz y de sabiduría en el cerebro. También

puede ser comparada con un torrente salvaje y tumultuoso. Y los

sabios, no se dejan arrastrar por este torrente, no permiten que

inunde los pueblos y las ciudades de su interior y ahogue a sus

habitantes; instalan canales de regadío y recogen los frutos que

produce esta fuerza repartida armoniosamente.

Cuando más razonable es el hombre en el uso de la fuerza

sexual, mayores riquezas espirituales adquiere.

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